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12 de mayo de 2010

Mancuso entrevistado por El Colombiano, de Medellín

Entrevista por Carlos Alberto Giraldo

El Colombiano, de Medellín

 

DESDE PRISIÓN, EN Virginia, E.U., el ex jefe paramilitar Salvatore Mancuso habla de su situación y del proceso con las Auc. Dice que es imposible esclarecer la verdad con un Gobierno que silencia las "alianzas macabras" que alentaron el poder.

A dos años de su extradición a Estados Unidos, al lado de la mayor parte de los jefes de la cúpula paramilitar, Salvatore Mancuso acusa al Gobierno de impedir sistemáticamente que avance la reconstrucción de la verdad sobre los crímenes y las relaciones de las autodefensas con poderes militares, económicos y políticos "que se lucran con la guerra".

Mancuso responde un cuestionario que este diario hizo llegar a su celda en la cárcel Northern Neck Regional, en Warsaw, Virginia, donde permanece desde agosto de 2009. Está absolutamente aislado del resto de los internos y no sabe si allí están presos otros ex jefes "paras".

En esa relación de poderes y de personajes con las Auc, Mancuso mencionó de nuevo al vicepresidente Francisco Santos y al hoy candidato a la presidencia Juan Manuel Santos, quienes han negado en repetidas ocasiones cualquier vínculo o pacto con el ex jefe paramilitar y con las autodefensas, y quienes han pedido a la Fiscalía investigar sus actuaciones.

Tras dos años de su extradición, ¿qué reflexión e impresión tiene hoy de la negociación de las Auc con el Gobierno?
"El Gobierno me demostró que nunca tuvo real voluntad de privilegiar la construcción de paz, ni con las autodefensas ni con las guerrillas. El Gobierno le mintió al país y no cumplió su palabra ni su propia Resolución 303 de 2004 donde se comprometió a suspender mi extradición si yo cumplía unas condiciones las cuales cumplí en su totalidad. Hubo durante la era Bush un contexto político nacional e internacional que el Gobierno utilizó en beneficio propio, de su reelección y no de la paz de Colombia. El Gobierno lo pudo hacer con una alta dosis de maquiavelismo sin pagar un precio político proporcional a su gravedad pero al altísimo costo ético de una tragedia humanitaria para Colombia y sus víctimas, que exigirán cada día con mayor insistencia conocer no solo la verdad del conflicto armado sino también las verdades que permanecen ocultas sobre el azaroso desarrollo y estado actual del proceso de paz con las Auc".

Sabiendo lo que ocurrió, ¿negociaría una desmovilización hoy?
"Este Gobierno abusó de la favorabilidad tan generosa que le dispensó la opinión pública, y en nuestro caso defraudó la confianza que pusimos desde 2002 en su invitación a trabajar juntos para reinstitucionalizar el país y llevar el Estado social de derecho a las regiones que fueron de influencia de las autodefensas. Volvería a desmovilizarme pero lo haría con menos confianza y muchísima prevención ante las posibles maniobras y traiciones de este poder político gubernamental y con garantes que el gobierno evitó por todos los medios para poder hacer prevalecer sus intereses particulares por encima de los intereses de la nación y poder incumplir lo pactado. Lo haría con veeduría de la sociedad civil, mediación de la Iglesia y presencia nacional e internacional de garantes que aseguren eficazmente con su imparcialidad que los acuerdos serán respetados dentro de un marco legal de riguroso cumplimiento para las partes. Insistir en la lucha armada es un gravísimo error de las guerrillas y las autodefensas rearmadas y una apuesta equivocada por parte de este Gobierno que espero remedie el próximo Presidente. Confío que a partir del 7 de agosto un gobierno distinto al actual le devuelva a Colombia la confianza en la legalidad y la democracia, y trabaje de la mano con la sociedad por la solución política, y no solo represiva, del conflicto armado".

Frente a las víctimas, ¿qué reflexión le merece estar preso y traer a su mente el recuerdo de las acciones de las Auc?
"Quienes predican la guerra es porque no la han conocido, o encarnan aquello de que los sueños de la razón engendran monstruos. Seguiré pidiendo perdón por las acciones abusivas y criminales de las Auc cuando excedieron toda proporcionalidad y razonabilidad de las acciones propias de una guerra, que de por sí siempre constituye un crimen contra la humanidad por mayor justicia que se quiera atribuir a sus causas. El dolor de todas las víctimas merece mi congoja, respeto y solidaridad, y compromete mi determinación de seguir adelante con Justicia y Paz, por la Verdad y la Reparación. No me cansaré de pedir perdón a las víctimas, el resto de mi vida ayudaré sin claudicaciones a alcanzar la reconciliación y la paz".

¿Será posible que el pueblo colombiano conozca alguna vez la verdad total de lo que pasó, de las relaciones de las Auc con sectores militares, políticos y económicos?
"Con este Gobierno ha sido imposible avanzar en la construcción de esa verdad porque nos lo ha impedido, ha preferido silenciar y ocultar las causas que mantienen vivo el conflicto armado y sirven como cortinas de humo que camuflan las corruptelas que alientan los nefastos poderes de turno. Solo el mea culpa del Estado, de los actores ilegales y la verdad sin eufemismos del gobierno y los actores involucrados en el conflicto nos liberarán de que hechos tan terribles se repitan.

La verdad que interesa al país y a las víctimas no se limita al brazo ejecutor sino que se alza río arriba y llega a quienes mueven los hilos del conflicto armado, quienes se lucran con la guerra, aquellos que establecen pactos, alianzas macabras que incluyen clases políticas, intereses empresarios, y altos mandos de las fuerzas de seguridad que alentaron el terrorismo de Estado. Sobre esta madeja criminal centré el desarrollo de mis versiones libres desde diciembre de 2006, y todo 2007, cuando mencioné incluso a personajes de tanto relieve como el vicepresidente Francisco Santos y el hoy candidato presidencial Juan Manuel Santos. No me limité a preparar con conciencia mis versiones libres sino que alenté a quienes habían sido mis hombres en la guerra a contar lo que sabían, incluso a mis ex compañeros comandantes los fui persuadiendo en el mismo sentido de no tenerle miedo a decir la verdad. Desde Itagüí envié más de diez cartas a las autoridades para que me facilitaran reunirme con mis ex subordinados para presentar la verdad ante Justicia y Paz del modo más completo posible con la información disponible. Pero aquel esfuerzo mío lejos de recibir el apoyo gubernamental aceleró en 2008 la decisión de extraditarme cuando al notar que no lograban silenciarme se confabularon todos los rabos de paja y verdaderos responsables de la tragedia que no quieren les caiga encima la responsabilidad que les cabe y prefieren criminalizar a unos pocos eludiendo responder ante la justicia, ante las víctimas y ante la historia".

¿Qué sabe de sus familiares, de la seguridad que tienen, de las garantías de protección que les ofrece el Gobierno, han tenido que salir del país?
"Mi preocupación es inmensa porque el Gobierno ha sido sordo a mis constantes reclamos, como si tanta angustia no solo mía sino de las víctimas actuales y las que debiera evitar el Estado le fuese totalmente indiferente; considero una perversidad que el Gobierno utilice esos temores para que no se conozcan las verdades".

¿Cómo se siente un hombre que tuvo tanto poder económico y hombres en armas y hoy está reducido a las paredes de una cárcel de máxima seguridad?
"Pertenecí a una organización armada ilegal que propuso al Gobierno desmovilizarse en el momento de su mayor poderío militar, económico, político y social. Me siento al igual que los desmovilizados de las Auc que actuamos de buena fe traicionados en nuestra buena fe por este Gobierno que subordinó el proceso de paz a su interés particular y estrategias de guerra. Traicionados también porque son ya 2.200 los desmovilizados asesinados y decenas de sus familiares muertos con el afán de silenciarlos y tender un manto de ignominia y calumnia sobre su destino atroz. Ante esta desgraciada realidad se suma la desazón personal de no tener hoy siquiera las condiciones y herramientas mínimas para trabajar con mejores y más prontos resultados por la paz y la reconciliación y el renacer próspero de una mejor Colombia como sigue siendo mi sueño y mi compromiso".

¿Qué piensa del conflicto armado colombiano hoy, de la guerrilla, de la corrupción y de los grandes problemas nacionales?
"La degradación del conflicto, la pobreza, la exclusión, el agravamiento del tema agrario, el narcotráfico, han seguido avanzando a pesar de nuestra desmovilización por la miopía guerrerista del Gobierno y sus oídos sordos al diálogo y los consensos. Veo con optimismo que en Colombia los ciudadanos se aprestan a votar mayoritariamente un mandato de legalidad y democracia por encima de cualquier mandato de guerra. Es un clamor popular que los actores del conflicto armado tendrán que tomar en cuenta, no solo las guerrillas y los demás ilegales sino también el nuevo Gobierno a partir del 7 de agosto. No veo contradicción entre seguridad y legalidad, más bien advierto que siendo conceptos centrales de toda democracia, es la seguridad la que debe subordinarse a la legalidad y no a la inversa. Los años no pasan en vano y las democracias maduran con su ejercicio y aprendizaje, no solo los ilegales, también los ciudadanos y los gobiernos deben entender que dentro de la Ley todo está permitido, y fuera de la Ley nada debe ser tolerado. Ese es el norte que me llevó a impulsar la desmovilización de las Auc, ojalá se convierta en el norte del nuevo Gobierno y Colombia apoye el esfuerzo. Veo que Colombia va en esa dirección cansada por tantos abusos, acciones ilegales, excesos y promesas incumplidas. Así lo manifiesta y manifestará en las elecciones presidenciales".

¿Tantos muertos, tanta violencia, tanto sufrimiento y dolor de un lado y de otro, para qué?
"El conflicto no lo originamos las autodefensas sino que la violencia nos arrastró, su difusión es responsabilidad primaria del Estado. Nadie pero mucho menos el Estado debiera permitirnos tomar la vida del prójimo o inducirnos u obligarnos a tomar esa vida en nuestras manos. Por eso urge hallar una solución al conflicto para que no se sigan acumulando víctimas, es el gran desafío del nuevo presidente porque el actual no pudo y se siguen produciendo víctimas. Si algún sentido puede encontrarse a la existencia del mal en el mundo es el de hacer que el bien se manifieste en contraste y remedio del mal. Las guerras no tienen otro sentido ni consecuencia que hacer desear la paz con más intensidad y así buscar los caminos del diálogo que conducen a ella. Colombia no puede demorar más la construcción de la paz, tengo eso muy claro desde cuando lideré el proceso de desmovilización y en ese camino sigo comprometido aunque este Gobierno haya pretendido silenciarme y extraditarme desterrándome de la solución de la tragedia colombiana".

De acuerdo con su proceso en E.U., ¿qué piensa de su suerte, ve posible salir de la cárcel, volver al país, hacer una nueva vida, o eso está lejos?
"Con Dios y la ayuda de su divina providencia todo es posible, sin ello cualquier intento es insuficiente. Mi vida es un acto de fe y lo seguirá siendo. Las personas merecemos una segunda oportunidad y para lograr ello las penas no deben ser ni pocas ni muchas, solo justas y deben servir para la resocialización y la reinserción por encima del castigo, la retaliación y la estigmatización".

¿De qué le sirvieron al país las Auc, para qué sirvieron sus acciones, su participación en la guerra interna?
"Por diversas razones que ya son historia, y no solo por la participación de las Auc en el conflicto armado, las guerrillas no pudieron imponer por medio de las armas su proyecto político. Las Auc fueron producto de una época aciaga de Colombia y del mundo, de la combinación de factores y formas de lucha, cuya responsabilidad recae sobre muchas naciones que hicieron que la guerra se generalizara y golpeara la puerta de quienes jamás debimos haber caído en sus tenebrosas redes".

¿Qué hace en prisión, cómo son sus horas y qué piensa de Colombia, hoy tan lejos, tan ajena?
"Lejos sí, pero ajena jamás. Mi cuerpo está en los E.U. pero mi corazón nunca se ausentó de Colombia. Allí están mis afectos y mi pasado, también mi futuro y razón de vivir, y tantísima gente a la cual le debo respeto y reconocimiento fraternal por su compromiso de paz y su incansable trabajo por la reconciliación nacional. Aquí las horas pasan lentas y la nostalgia es infinita, sin embargo, Dios sabe cómo hace las cosas, y con mis oraciones en Dios deposito mis culpas, mi arrepentimiento y también mis esperanzas. Lo que lamento ahora es que donde me debato en pos de verdad y reconciliación, solución política negociada y paz con justicia, haya quienes con malevolencia y prejuicio y porque se sienten afectados en sus intereses, incitan a ver resentimiento y mentira allí donde mis actuaciones ante la Justicia solo buscan el esclarecimiento de las verdades, y con ellas el fin de la cadena de mentiras y retaliaciones y el ingreso de Colombia al círculo virtuoso del perdón, la unidad nacional, la inclusión social y la pacificación de los espíritus".

 
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