Los ex comandantes
desmovilizados de las autodefensas campesinas, actualmente acogidos al régimen
de justicia transicional contemplado en la ley 975 de 2005, respetuosamente nos
dirigimos a usted con el fin de formular algunas comedidas reflexiones, a
propósito de su propuesta al presidente electo doctor Juan Manuel Santos,
encaminada a considerar, entre otros, la temática de víctimas y tierras, como
componente del gran Acuerdo de Unidad Nacional.
Comenzamos por reiterar, en
cuanto a las víctimas del conflicto interno respecta, que ninguna posición o
aporte nuevo que pudiera considerarse, podrán ser ajenos a los referentes de la
verdad y la reparación, obligaciones que hemos asumido como condiciones
sustantivas de la justicia conmutativa, de la cual fue oferente el Estado en
representación de la nación, como el instrumento de superación de la violencia
desatada por los aparatos armados organizados, tanto en el interior del fenómeno
paramilitar cuanto en el seno del movimiento guerrillero.
Para hablar sólo de lo que a
nosotros concierne, significamos con lo expresado en las últimas líneas, que el
aparato armado –inmerso dentro del fenómeno macro del paramilitarismo-
constituye la punta del iceberg de este fenómeno cuya magnitud, aún no se ha
exhibido ante los ojos del país en su real dimensión. Mientras tal circunstancia
perviva, el paramilitarismo, hijo de la impunidad consentida, reproducirá en el
tiempo y en el espacio, como la hidra de Lerna, su brazo armado.
Creemos, a modo de ejemplo, que
cuando el Dr. Petro plantea ante el país la existencia en abstracto de 4
millones de hectáreas de tierra del más alto valor comercial, en manos del
paramilitarismo y de lo que denomina las mafias del poder, no podrá estar
refiriéndose al reducido número de dos docenas de ex comandantes de las extintas
autodefensas, sometidos voluntariamente a la Justicia, como dueños en la sombra
de semejantes extensiones. Pensando que sus cálculos, acaso discretos, abarcan
la cobertura del fenómeno paramilitar en pleno, donde campean políticos,
empresarios, funcionarios de alto nivel, grandes contratistas, inversionistas
extranjeros y miembros de la fuerza pública. Todos ellos, ojalá, tan próximos a
los beneficios de la Justicia de transición, como lo tendría que ser ante la
sociedad su honesto compromiso con la verdad y la reparación, expuesta y jurada
en los mismo escenarios judiciales, adonde concurrimos hoy nosotros bajo igual
consigna y desde luego con la promesa irreversible del NUNCA MÁS.
Si ciertamente la opinión
pública miró con beneplácito los alcances del inconcluso y controvertido proceso
de paz, entre el Gobierno Nacional y las autodefensas campesinas, en cuanto a la
real desactivación de las estructurar armadas, que eran la fuerza de choque del
fenómeno paramilitar; tampoco resulta menos cierto que el país continúa
evidentemente insatisfecho, y confía que la ley de Justicia y Paz, enfocada hoy
principalmente a los ex combatientes, sea sometida a los ajustes que aconsejan
las circunstancias actuales, para que realmente se convierta en el instrumento
idóneo que le ponga fin al fenómeno paramilitar, el cual no estuvo en el orden
del día de la mesa de negociación ni interesó al proceso de paz aludido.
Estamos atentos y muy
interesados en participar y aportar, por los medios que se nos facilite, en el
debate que insinúa la propuesta al nuevo gobierno. Nos parece que el problema
concreto del acaparamiento de la tierra, la usurpación y concentración de la
propiedad agraria, la violencia y el desplazamiento en el campo, y la
consiguiente injusticia social contra el campesino, temáticas en las que con
tanto empeño han persistido Uds., atienden y comportan situaciones no conocidas,
las cuales por esta razón tampoco han sido abordadas dentro del contexto de la
llamada verdad verdadera… aquella que nosotros conocimos, vivimos y
protagonizamos durante más de 25 años de permanencia en los escenarios del
conflicto.
De nada valdrá la
desmovilización y desarme de las estructuras de autodefensas; de nada valdrá la
comparecencia de los ex combatientes a la Justicia; de nada valdrá la aplicación
del beneficio punitivo de la pena alternativa; en fin, de nada valdrá la verdad
y la justicia a medias si quienes personifican el fenómeno paramilitar desde los
distintos estadios de la sociedad y el Estado continúen agazapados detrás de los
parapetos del poder político y económico, evadiendo a cualquier precio, la
responsabilidad que están llamados a asumir.
Es incuestionable que la paz se
construye a partir de los presupuestos básicos de Justicia, Verdad y Reparación.
Pero no es dable concebir que este compromiso sea únicamente deber de quienes
materializaron la guerra. La para-política como la para-institucionalidad, la
para-economía, entre otros, tienen su puesto en el banquillo de los acusados,
como hoy lo tenemos en las cárceles quienes hartados de la guerra asumimos el
gesto honesto de renunciar a la violencia, presentándonos ante Colombia con el
único rostro que poseemos.
Con nuestros más sinceros
deseos de aportar a la construcción de un mejor país.
Respetuosamente,
FREDY RENDÓN HERRERA
RAÚL EMILIO HASBÚN MENDOZA
RODRIGO PÉREZ ALZATE
ARNUBIO TRIANA MAHECHA
JORGE IVÁN LAVERDE ZAPATA
ÁLVARO SEPÚLVEDA QUINTERO
EDWAR COBOS TÉLLEZ
JESÚS IGNACIO ROLDÁN